En la vida siempre voy contra reloj, apresurada al momento o al sentimiento; me siento en la sala al lado de mi ventana, veo pasar personas afanadas ¿Será que van tarde al trabajo? ¿a recoger a sus hijos? ¿estarán enfermos? ¿se les olvidó algo?... bueno en fin. Así voy o iba yo hasta que tomé pausa, bajé la velocidad de mi respiración. Me senté a observar, a preguntar y a no responder, solo paré a preguntar: ¿para qué o por qué corro tanto? ¿hacia dónde me dirijo o por qué me dirijo? Se vienen a mi cabeza libros de Benjamín Cuervo con sus graznidos, con su escritura que denuncia:
“Quimbaya. (…)
Tierra infértil por pastizales
de lo que fueran cafetales;
Tierra infértil por cafetales
de lo que fueran bosques nativos (…)”
Definitivamente para escribir hay que destilar el alma, deslumbrar la mirada, viajar sin límite, escuchar voces asfixiantes, sentir el alma, llorar por gatos y perros golpeados y abandonados, jóvenes masacrados, ver, escuchar cómo mueren en un hospital; sentir el grito desgarrador que despide el amor de madre, hijo, esposa, en un cementerio o en impunes lugares. Desilusionarte de tu vecino incomprensible, despiadado ante las injusticias sociales. ¡Qué llueva, qué llueva! Tal vez así los verdugos no salgan, le temen al agua, no conciben borrar las manchas de su piel, no conciben borrar el rostro de susto de los que ya no están en el mundo terrenal.
¡Qué llueva, qué llueva, solo así hay libertad!
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Un texto muy bello, me gustó mucho, lo siento como un grito de denuncia en una sociedad donde las letras y la resistencia es olvidada y resquebrajada...
ResponderEliminarYa pude leerlos y cada uno es hermosamente bello y triste a su manera. Sol me siento muy orgullosa de ti, de tus letras e ideas . Te quiero inmensamente, espero que sigas escribiendo, que nos sigas dando el placer de poder leer un poco de tu mente ❤️
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