miércoles, 2 de septiembre de 2020

Presencia lejana

 

3:00 am. Me paseo por toda la cama, me estorba la cobija, la almohada, me despierta la lluvia que hace fiesta sobre mi techo. En un abrigo encuentro los abrazos, el calor que buscan mis manos, mi mente, mi piel. Por momentos me despierto. Se trata de las noches más largas y mi mente destapa el álbum de recuerdos, unos destrozan, otro enriquecen y mis sentidos empiezan un juego llamado montaña rusa: rápidamente recuerdo el primer beso, el primer dolor,  la primera desilusión, los partos, el primer café, la primer obra de teatro, la primer destrucción, el primer logro, la primavera, mis primeros pasos, amigos del colegio, familia, copas, licor y sexo.

 

Pero me suspendo muy lento en mi cuaderno y escribo rayo tacho río leo lloro. Apenas son las 4 am y yo esperando a que pase el tiempo.

Mis gatos duermen

Mis hijos duermen

Los vecinos duermen

La nevera duerme

Todo en silencio…

 

Pero mis manos desean escribir  al amor, al olvido, a la sombra, al árbol que guarda los secretos hasta de tres generaciones y cada que me encuentro con ellos son testigos de mi historia;  pero vuelven y le escriben a él… quien se retuvo en mi mirada y no se marcha, no deja, no vuela,  solo se quedó aquí, parece un imán. Yo no quiero que se vaya y sostengo su brillo, su desnudez, su sudor, su olor, su piel, sus labios, sus nalgas, su pene. Todo se quedó aquí y yo tengo un suave y delicioso encuentro con su presencia lejana.


                                                                                      Escrito por: Solangie Sánchez





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