Me contaron mis abuelas que la guerra siempre ha estado
torturando seres vivos, maltratando a los niños,
mutilando a las mujeres,
escupiendo nuestros huesos.
Yo no quiero que me maten ni asesinen nuestros
sueños, yo solo quiero hermano que me abraces lento y cuides mi sonrisa. No quiero dolor. Temo que mi vida sea
arrebatada, temo que fracturen mi cráneo, mutilen mi cuerpo y ahoguen mi lucha;
no quiero encontrar en la puerta de mi casa balas impuestas por pensar
diferente y exigir justicia frente a la impunidad. ¡No, no, no!. No me puedes obligar a actuar
como una asesina que aplaude la barbarie del estado o es indiferente a la represión
que por décadas hemos vivido. Yo no soy eso y no me maten… pero si muero, si me asesinan por ser mujer, a
mis hijos no les suelten la mano.
En dedicatoria a los líderes y lideresas sociales asesinados (campesinos, afrodescendientes, sindicalistas y ambientalistas) durante la pandemia en Colombia.
Solanyi Sanchez
Foto tomada en Palmira Valle por Rodas Vargas


