lunes, 21 de septiembre de 2020

Resiliendo aunque muera


  













Me contaron mis abuelas que la guerra siempre ha estado

 torturando seres vivos, maltratando a los niños,

mutilando a las mujeres,

 escupiendo nuestros huesos.


 

Yo no quiero que me maten ni asesinen nuestros sueños, yo solo quiero hermano que me abraces lento y cuides mi sonrisa.  No quiero dolor. Temo que mi vida sea arrebatada, temo que fracturen mi cráneo, mutilen mi cuerpo y ahoguen mi lucha; no quiero encontrar en la puerta de mi casa balas impuestas por pensar diferente y exigir justicia frente a la impunidad.  ¡No, no, no!. No me puedes obligar a actuar como una asesina que aplaude la barbarie del estado o es indiferente a la represión que por décadas hemos vivido. Yo no soy eso y no me maten…  pero si muero, si me asesinan por ser mujer, a mis hijos no les suelten la mano.   


En dedicatoria a los líderes y lideresas sociales asesinados (campesinos, afrodescendientes, sindicalistas y ambientalistas) durante la pandemia en Colombia.

                                                                                                   Solanyi Sanchez


Foto tomada en Palmira Valle por Rodas Vargas


jueves, 3 de septiembre de 2020

¡Qué llueva!

 




En la vida siempre voy contra reloj, apresurada al momento o al sentimiento; me siento en la sala al lado de mi ventana, veo pasar personas afanadas ¿Será que van tarde al trabajo? ¿a recoger a sus hijos? ¿estarán enfermos? ¿se les olvidó algo?... bueno en fin. Así voy o iba yo hasta que tomé pausa, bajé la velocidad de mi respiración. Me senté a observar, a preguntar y a no responder, solo paré a preguntar: ¿para qué o por qué corro tanto? ¿hacia dónde me dirijo o por qué me dirijo? Se vienen a mi cabeza libros de Benjamín Cuervo con sus graznidos, con su escritura que denuncia:

 

 “Quimbaya. (…)

Tierra infértil por pastizales

de lo que fueran cafetales;

Tierra infértil por cafetales

de lo que fueran bosques nativos (…)”

 

Definitivamente para escribir hay que destilar el alma, deslumbrar la mirada, viajar sin límite, escuchar voces asfixiantes, sentir el alma, llorar por gatos y perros golpeados y abandonados, jóvenes masacrados, ver, escuchar cómo mueren en un hospital; sentir el grito desgarrador que despide el amor de madre, hijo, esposa, en un cementerio o en impunes lugares. Desilusionarte de tu vecino incomprensible, despiadado ante  las injusticias sociales. ¡Qué llueva, qué llueva! Tal vez así los verdugos no salgan, le temen al agua, no conciben borrar las manchas de su piel, no conciben borrar el rostro de susto de los que ya no están en el mundo terrenal.

¡Qué llueva, qué llueva, solo así hay libertad!



                             https://www.facebook.com/profile.php?id=100006964120121

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Presencia lejana

 

3:00 am. Me paseo por toda la cama, me estorba la cobija, la almohada, me despierta la lluvia que hace fiesta sobre mi techo. En un abrigo encuentro los abrazos, el calor que buscan mis manos, mi mente, mi piel. Por momentos me despierto. Se trata de las noches más largas y mi mente destapa el álbum de recuerdos, unos destrozan, otro enriquecen y mis sentidos empiezan un juego llamado montaña rusa: rápidamente recuerdo el primer beso, el primer dolor,  la primera desilusión, los partos, el primer café, la primer obra de teatro, la primer destrucción, el primer logro, la primavera, mis primeros pasos, amigos del colegio, familia, copas, licor y sexo.

 

Pero me suspendo muy lento en mi cuaderno y escribo rayo tacho río leo lloro. Apenas son las 4 am y yo esperando a que pase el tiempo.

Mis gatos duermen

Mis hijos duermen

Los vecinos duermen

La nevera duerme

Todo en silencio…

 

Pero mis manos desean escribir  al amor, al olvido, a la sombra, al árbol que guarda los secretos hasta de tres generaciones y cada que me encuentro con ellos son testigos de mi historia;  pero vuelven y le escriben a él… quien se retuvo en mi mirada y no se marcha, no deja, no vuela,  solo se quedó aquí, parece un imán. Yo no quiero que se vaya y sostengo su brillo, su desnudez, su sudor, su olor, su piel, sus labios, sus nalgas, su pene. Todo se quedó aquí y yo tengo un suave y delicioso encuentro con su presencia lejana.


                                                                                      Escrito por: Solangie Sánchez





Sol mayor

Estaba bajo la ducha  Tenía el alma desordenada  El cabello enredado Los pies pulcros  Mi ojos  Ni que decir, ellos habitan incertidumbre, p...