viernes, 8 de noviembre de 2024

En el bus

No, no estoy saboreando los días,  no me ofrezcas degustación de café si no puedo saborear. No, las mañanas no están lentas, todo va a mil por hora,  pero la hora va tranquilamente saboreando sus milésimas y segundos. No, los días no alcanzan, las noches no duermen, los alimentos no alimentan. Tomo 7 buses al día, me siento, me reincorporó, tomó un rol de escucha, las his to rias no me dan risa

hay mucha pobreza en el lenguaje sostenido de los que van sentados  adelante y de los que van sentados atrás, hay mucha tristeza corporal en los cuerpos de los ancianos que van al rebusque del día a día, en la señoras que van con mil carpetas hacer filas, hay mucho cansancio corporal en los que van a recibir o entregar turno. Dos cuadras de recorrido mucha bulla, no se alcanza a contemplar la profundidad de sus sentires, tres cuadras después un silencio absurdo al interior del bus, pero afuera, solo se aprecia la contaminación,  ¿dije, aprecia? En fin. Míralos cada que se sientan al lado de la ventana del bus pierden sus miradas, no están en el sillón, están en otro mundo. 

El poder de la ventana secuestra miradas ajenas, tristes, cansadas o soñadoras. Me pasa. ¿También sientes ese olor? Ese olor viene del norte, como un olor a aire contaminado de las basuras y de los miedos.

Escrito por 


Solanyi Sánchez 

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