La querían bajá tumbá
porque salía de noche
por cómo se vestía
porque fumaba yerba
y a nadie obedecía,
por puta, por monja, por fea, bandida…”
La perla
Y se acerca la noche larga, silenciosa y serena, las calles oscuras, las pieles sensibles y los cuerpos aun cubiertos son destrozados, manoseados; las almas apuñaladas segundo tras segundo, un cuerpo sin vida, un alma sin salvación ahora es culpable por un grito de auxilio que pidió aquella noche. En esas calles se escuchan voces de esos cuerpos mutilados, violados, asesinados.
Una casa “segura o insegura”, alguna vez pensé en resguardarme pero allí habitaba un monstruo que absorbía mi piel, mi mente y mis sentidos, y me obligaba a maquillarme moretones que desgastaban mi pupila y me arrastraban a la muerte. Y sí, me avergoncé de ser mujer, cubrí mi pecho con camisetas anchas, aparentando ser hombre para no correr el riesgo de ser maltratada, abusada y culpada. Jugaba al pin pon, saltaba cuerda, jugaba a las muñecas y sonreía. Me culparon por ser soñadora, por nacer con pechos y vagina. Me condenan a la muerte, me condenan si pienso, si hablo, si camino, si sonrío, si leo, si aprendo o si simplemente callo.
Le hago silencio al dolor, al miedo, le guardo luto a mi piel y vergüenza a mi cabello, color, olor, estatura y conocimiento; soy burlada —incluso— por mis familiares agredida por quienes rodean mi camino, escojo la soledad porque no confío, porque temo ser “una más” en la prensa.
¿Quién me cuida? Solo aquellas que han sufrido torturas desde el nacimiento. Y pasan y pasan los siglos esclavizando la belleza, callando voces. Mataron a mi hermana, a mi madre, a mi amiga y el silencio crece. Los ríos son testigos de nuestras muertes y un olor a podrido se extiende por fronteras.
Somos la voz de las que ya no están.
Toca fondo, impúlsate al cielo y tejamos juntas una comunidad para cuidarnos.
Escrito por: Solangie Sánchez
